Durante la última década, la glorieta de la plaza San Martín envejeció más que en su anterior siglo de existencia. Del emblemático y señorial “Pabellón de la Música” instalado en tiempos post fundacionales apenas queda un kiosco saqueado y abandonado, ganado por el óxido, las fisuras y el avance de daños estructurales. Y entre las generaciones más jóvenes, cada vez son menos quienes recuerdan el lugar como escenario de convocantes movidas culturales gratuitas.
A mediados de noviembre de 2010, las rejas originales que le quedaban al pabellón adquirido a la parisina Fonderie D’Art du Val D’Osne en 1912 fueron sustraídas de la cara sudeste -que da a calle 54- del espacio, tras un episodio más que confuso y todavía impune. Fue el golpe de gracia -al menos hasta ahora- para un espacio tan valioso en la consideración patrimonial como descuidado. Desde entonces, todo fue, aceleradamente, cuesta abajo.
En enero pasado, desde la secretaría de Espacios Públicos y Gestión Ambiental de la Municipalidad se había adelantado que “en el marco del “Plan de Puesta en Valor de Plazas y Parques” se planificaba para marzo la restauración de la Glorieta”.
A casi un año de ese anuncio, la intervención integral aún no se concretó y las respuestas de la Comuna muestran un dejo de resignación: “la reacondicionaron tres veces, pero vuelven a dañarla. Se enviará en la semana a una cuadrilla de Espacios Públicos para realizar mantenimiento y evaluar la situación, pero está claro que se requieren acciones que vayan más en profundidad que sólo pintar”.
Cualquier evaluación que se realice, incluso a simple vista, concluirá que el deterioro es serio, desde el techo hasta el basamento de mármol, y el depósito inferior, destinado a insumos de limpieza y herramientas de maestranza: piezas ausentes, placas corroídas, entretecho convertido en un palomar, hierros torcidos, graffiti, maderas que empiezan a vencerse, rejas ausentes por completo.
La construcción inaugurada en el eje de avenida 53 entre 6 y 7, dos años después del centenario de la Revolución de Mayo, tiene una curiosa relación de desencuentros con las cuadrillas municipales: en 1977, se salvó de ser demolida por error por una cuadrilla municipal que habían enviado en realidad al Bosque, y en 2010, la misteriosa desaparición de las rejas acaeció cuando fueron retiradas sin ninguna sutileza, forzando y torciendo algunos herrajes, “para que las pintara una cooperativa”, pero el remedio fue peor que la enfermedad; quedaron tiradas en el piso un par de días, y según testigos “se las llevó un camión que subió a la vereda para cargarlas”.
El art nouveau, con sus formas ondulantes, sus figuras florales y su obsesión por resaltar lo decorativo sin perder la elegancia, llegó al país iniciado el siglo XX y enriquece el paisaje del casco histórico platense en lugares muy puntuales. En ese contexto, la Glorieta es una de las piezas más representativas del estilo.
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